Arquitectura ecológica: Ser o no ser

Por Julia Gracia Solís

Es muy difícil responder a estas inusuales pero obligadas preguntas:
¿Debe ser la arquitectura ecológica?
¿Estoy siendo un arquitecto ecológico?
Porque a veces las mejores intenciones son fatales.

Hay incluso preguntas menos existenciales, pero tanto o más dificultosas. Un ejemplo claro es en relación al uso de captadores solares: ¿Reducen o incrementan el consumo de energías no renovables? O dicho de otro modo: ¿Produce un captador más energía que la que consume?
La respuesta se halla en la siguiente ecuación: Energía producida durante la vida útil de un panel menos Energía consumida durante todo el proceso de producción transporte, diseño, construcción montaje, etc., incluyendo todo, desde la extracción de materias primas, pasando por el transporte en grandes buques mercantes desde países remotos y concluyendo en el desguace y reciclado de los residuos una vez que el panel ya no sirva como tal. El resultado de esta ecuación es cuanto menos muy dificultoso y, en todo caso, un misterio para la mayoría de los mortales.

Vale aclarar que este planteo se inscribe en el uso complementario de los paneles, pues casi no existen edificios que usen paneles solares como única fuente de energía. Por lo tanto, el consumo de la instalación convencional es el mismo, haya o no captadores; sólo varía a favor de éstos el consumo doméstico, que significa una mínima parte del consumo total incluyendo el de la producción y mantenimiento de la infraestructura en sí. Para llegar a encender una lámpara es necesario gastar tanta energía que el consumo de esa lámpara es casi despreciable.

Lo anterior es, al menos para mí, una gran incógnita, y aunque me inclino a pensar que los captadores son antiecológicos no me atrevo a aseverarlo. Pero hay algunas pautas de diseño que son probadamente antiecológicas, no porque se basen en el uso de un material o componente determinado sino por el criterio con que se concibe el edificio. Por ejemplo, poner los radiadores de calefacción debajo de las ventanas. Aunque contradiga muchos manuales, todas las tradiciones y todos los hábitos, los radiadores deben colocarse en paredes interiores.

Descartando la variante más ecológica de todas, basada en que la humanidad vuelva a las cavernas, aquí la ecuación es muy simple: Energía consumida menos Energía aprovechada. Si los radiadores se encuentran próximos al núcleo del edificio y en paredes interiores, la pérdida es mucho menor, como cualquiera sabe. Al ponerlos debajo de las ventanas, la idea de confort prevalece sobre la de ecología (aunque ese mayor confort sea quizás también una falacia) y esa decisión es antiecológica (sólo antiecológica, ni criminal ni pecaminosa).

¿Quieres ser un arquitecto ecológico? Quizás no, hay muchos otros valores muy altos a cultivar como artista o como profesional. Pero, si la respuesta es Sí, entonces ¿cómo saber serlo?

En principio, viendo a qué se llama arquitectura ecológica y por qué, quiénes (personas o empresas) la definen como tal y por qué. Serás tú El Arquitecto, siempre, el responsable de la decisión. Si tú crees que tu arquitectura debe ser ecológica, entonces sólo tú (sin tus maestros) deberás cargar con la responsabilidad de elegir los métodos; no por arrogancia sino porque eso y sólo eso te hace arquitecto; aunque te equivoques, ya que siempre te equivocarás.

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La Casa Verde

Julia Gracia Solís edita, entre otras cosas, el blog Cuadrado Rojo.
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