En The Seoul Performing Arts Center uno mismo es observado mientras mira a otros que escuchan la música o llegan al concierto. El proyecto enriquece la vivencia de asistir a un espectáculo: percibir todo lo que está involucrado en una ópera o un concierto e interactuar con el paisaje.
La propuesta intenta celebrar tanto la producción del concierto como su desarrollo, como se puede observar en la volumetría del edificio, en la que los halls principales, las pequeñas salas de teatro, salas de ensayo, talleres y oficinas constituyen una serie de volúmenes unidos e interconectados que exponen estas actividades de una manera no jerarquizada. La Opera House y el Concert Hall vuelan sobre el extremo oeste de la isla, logrando que los eventos principales sean visibles desde los bancos del río y desde el Broadcasting Center. En otra escala, talleres, oficinas y salas de ensayo se proyectan en diferentes direcciones, permitiendo que estas actividades también puedan ser observadas por las personas que cruzan el río a través de los dos puentes. De este modo, además de proponer una nueva manera de expresar el carácter de un centro de representaciones artísticas, la vida y el uso diario del edificio son privilegiados con la mejor iluminación natural y las mejores vistas, generando un reconfortante entorno de trabajo para músicos, bailarines, artesanos y administradores por igual; y todos estos espacios se vuelven parte de la experiencia del edificio en los días de eventos artísticos.
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Dieguez Fridman
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