Por Julia Gracia Solís
He hallado no hace mucho en la web imágenes y artículos de la revista Mecánica Popular. Uno de esos artículos llamó especialmente mi atención porque cuenta cómo se imaginaba en 1954 lo que iba a ser una casa urbana estadounidense en el año 2004.
Mi padre amontonaba las Mecánica Popular en el desván de la casa de campo sobre la misma mesa a la que yo iría a buscarlas veinte años después, cuando él ya no estaba. En diciembre de 1954 yo no había nacido, pero pongamos que mi padre coge el ejemplar más reciente y accede a imaginar lo que la revista le propone: que es un domingo pletórico de sol del año 2004 y él se dirige a casa de los Smith, que viven en Atomville, una de las novísimas ciudades de los Estados Unidos. Hace el viaje en avión supersónico que después de un tiempo increíblemente corto de haber despegado comienza a descender hacia el punto de destino. Esta ciudad del siglo XXI está trazada siguiendo rigurosamente las líneas de un diseño radial: Las calles forman círculos concéntricos y todas las casas se parecen entre sí. Vistas desde el jet, las áreas residenciales tienen la apariencia de enormes parques urbanos de trazo elaborado, cruzados por carreteras divergentes que semejan los radios de una enorme rueda.
En derredor de mi padre sólo hay una radio a válvulas, unos binoculares de origen alemán y una vieja bicicleta negra, sin el sillín, pero la fantasía que propone la revista es atractiva: “Poco después de aterrizar la aeronave, transborda usted a un ómnibus-helicóptero que estaba esperando para conducir rápidamente a los pasajeros del avión hasta el centro de la ciudad. En el trayecto nota usted que el tránsito aéreo es mucho más intenso que en la calle sobre la cual pasa. Una vez en el centro, toma usted un automóvil de alquiler hasta la casa de los Smith”.
La predicción de Mecánica Popular es atribuida al arquitecto y diseñador Paul Laszlo, de California, que marcha a la vanguardia en muchas de las tendencias modernas de construcción y ha anunciado otras con gran exactitud. Laszlo (o László), nacido en Hungría y emigrado a EE.UU. en 1936, apuesta a que “la casa del futuro tendrá un techo de acero y hormigón que será el ‘núcleo mecánico’, pues contendrá una serie de tubos para proporcionar todos los servicios y facilidades necesarias. Este sistema contará, entre otras cosas, con teléfono, conexiones de agua y desagüe, más el suministro necesario de energía atómica, proveniente de una central, para calefacción, luz y fuerza”.
La casa del futuro de Laszlo lleva montantes alrededor. “Las paredes laterales se disponen en ángulo y el interior está dividido en dos secciones: una que contiene la cocina y el espacio para comer, y la otra el dormitorio, los baños y los compartimentos para depositar y guardar cosas. Entre ambas está la sección de recreo que se halla hacia un lado, cerca del patio principal. Si bien es cierto que se limitará el área máxima que puede tener un terreno, el arreglo del interior quedará al gusto del propietario, excepto diversas paredes y ciertos elementos para proporcionar algunos servicios que por razones de economía serán prefabricados. Los tabiques divisorios y el mobiliario serán de diseño individual. Será también cuestión de preferencia personal el uso y selección de paneles para el alumbrado y la calefacción”.
En cuanto a lo urbano, es curioso ver la proyección a cincuenta años que hace Laszlo a partir de dos de las novedades del momento: el transporte aéreo y la energía atómica. Todo parece estar regido por esos adelantos (las casas, incluso, por prevención, en 2004 serían subterráneas) y es notable la ausencia de, probablemente, el único cambio significativo en estos comienzos del siglo XXI: las comunicaciones, la informática, la red global.
Por lo demás, casi nadie va a su trabajo en helicóptero, los autos siguen pegados al suelo y no han dejado de echar humo y de hacer ruido, no hay ciudades bajo burbujas de cristal y, lo que es peor, desde aquel 1954 no ha pasado un solo día sin que en algún lugar del mundo alguien viva o muera bajo la guerra.
Texto completo y original junto a más números de la revista en Mi Mecánica Popular
www.mimecanicapopular.com
Y en Noticias Arquitectura / Blog
noticiasarquitecturablog.blogspot.com
Biografía y varias imágenes en
en.wikipedia.org/wiki/Paul_Laszlo
Julia Gracia Solís edita, entre otras cosas, el blog
Cuadrado Rojo.
La película The Incredibles, de Pixar, no se desarrolla ni en el pasado, ni en el presente ni en el futuro. Según los propios autores, el tiempo de la narración es un futuro acorde con el imaginario popular de algunas décadas atrás, durante el auge de los comics de super héroes. Aunque tiene aderezos propios de la imaginación futurista actual, la familia Los Increíbles pertenece al futuro del pasado, un tiempo muy distinto del presente.